Artículos Relacionados

Los avances históricos de la RSE en Bolivia


Los avances históricos de la RSE en Bolivia

Autor: Marco Zelaya /La Paz

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) no es igual a la filantropía ni a los programas de marketing social, sino una forma o modelo de gestión de la compañía. En el país, se aplica en el sistema financiero.

¿RSE? ¿Qué es eso? Si se pregunta qué es la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), incluso entre el público empresarial informado, la respuesta más frecuente es que tal concepto no es conocido y menos aplicado en la gestión de las compañías. Y la falta de información sobre la RSE era mayor a mediados de 2005, cuando ingresó al ámbito corporativo nacional.

Es frecuente que las compañías confundan la RSE con la filantropía o el marketing social, pero no es lo mismo. La RSE no consiste en regalar, por ejemplo, canchas de fútbol, pelotas y camisetas, sino que, de acuerdo con los expertos, se trata de un modelo de gestión o administración que debe ser incorporado, como expresan los especialistas, en el ADN de la compañía. Es decir, en lo que hace a diario en medio de la comunidad en la cual desarrolla sus actividades.

Según la definición canónica del Instituto Ethos de Brasil –el principal centro difusor de la RSE en América Latina-, esta “forma de gestión  está  definida por la relación ética y transparente de la empresa con todos los públicos con los cuales se relaciona, y por el establecimiento de metas empresariales compatibles con el desarrollo sustentable de la sociedad, preservando recursos ambientales y culturales para las futuras generaciones, respetando la diversidad y promoviendo la reducción de las desigualdades sociales”.

La RSE, como advierte Ethos y otros organismos especializados, no consiste precisamente en crear una oficina que ejecute, incluso con un adecuado presupuesto, obras sociales para proyectar a la compañía en su medio, sino en gestionar el negocio bajo la filosofía de integrarse plenamente al entorno social, de tal modo que sus actividades sean valoradas por sus partes interesadas o públicos de interés (stakeholders).

La RSE, ¿se aplica en el país? Hoy, con más frecuencia que antes, se difunden los resultados de políticas de este modelo de gestión que aplican, por ejemplo, Soboce, mediante la organización de los llamados Centros de Innovación Tecnológica (CITE) en diferentes capitales, y otras compañías.  Pero la institución que puede dar adecuada cuenta de la evolución de la RSE en Bolivia es la Corporación Boliviana de Responsabilidad Social Empresarial (Coborse), que no sólo impulsó los primeros pasos de esta forma de efectuar negocios, sino que ahora presencia la llegada de la RSE a las políticas públicas. Algo impensable hace algunos años.

Los inicios

Como todo lo que comienza, el primer tramo de la historia de la RSE en Bolivia, en 2005, estuvo sembrado de dificultades, como asegura el director Ejecutivo de la Coborse, Álvaro Bazán.

“Uno de los hitos más importantes fue la decisión de la fundación Avina de promover la RSE en Bolivia; ya lo habían hecho en otros países, como Argentina y Brasil, pues resolvieron hacerlo en toda América Latina”, afirma Bazán. En esta primera fase, también el PNUD se comprometió en esa difícil tarea.

¿Cómo posicionar un nuevo modelo de gestión desconocido? “Al principio, el término (RSE) en sí mismo era desconocido para la mayoría de la gente y ni qué decir de las empresas; íbamos a las empresas y les decíamos que impulsábamos la RSE y la gente decía ‘muy bien, pero ¿de qué se trata?”, rememora Bazán.

La estrategia que se aplicó fue profundizar en los conocimientos de RSE, mediante un cercano contacto, gracias a Avina, con las experiencias en Brasil y Argentina; simultáneamente, se creó una red de instituciones, en la cual participaban, por ejemplo, la Universidad Católica Boliviana “San Pablo” y la petrolera Repsol, entre otras empresas, que se comprometieron a impulsar la RSE en Bolivia.

En todo ese proceso, jugó un rol esencial, explica Bazán, el Instituto Ethos de Brasil, que entonces tenía un presupuesto anual de ocho millones de dólares. Por tal razón, la Coborse promovió visitas de empresas, ejecutivos y periodistas a la sede de Ethos, en Brasil, para que se profundizara sobre el nuevo modelo de gestión.

En un siguiente y fundamental paso, se inició la etapa de producir contenidos locales de RSE y también a adaptar manuales de gestión empresarial producidos por la brasileña Ethos. Entre los documentos, figuran, por ejemplo, un estudio sobre el contenido de RSE en los medios de comunicación o una evaluación sobre la aplicación de este modelo administrativo en instituciones micro financieras, entre otros.

“Como cualquier empresa entiende esto como procesos de gestión, tenías que transformar el lenguaje de la RSE en manuales de gestión para la compañía. Además, en esa época fuimos muy prolíficos en hacer talleres y encuentros, pues la gente estaba interesada y tenía mucha disponibilidad para asistir a  ellos; hicimos muchos seminarios en Santa Cruz y La Paz, entre otras ciudades”, afirma Bazán.

Sin embargo, en 2006 el trabajo de promover la RSE se estancó, debido a la crisis internacional. Además, las empresas financiadoras consideraban que ya habían efectuado todo lo necesario para el impulso inicial y que el resto dependía de las compañías locales. Cuando la Coborse comenzaba a naufragar por falta de recursos, la fundación Kellogg le dio un soporte financiero para cuatro años, lo cual contribuyó a prolongar sus actividades.

Resurgió como política pública

El interés por la RSE renació en las empresas extractivas, de hidrocarburos y de la minería, en los últimos dos años. Pero no en la minería cooperativizada ni la local, sino en la de grandes capitales, como San Cristóbal, y de otros operadores extranjeros; resurgieron los fondos para la RSE en América Latina.

Pero lo que la Coborse no esperaba era que la RSE ingresara a la política pública. En efecto, el 19 de abril de 2013 la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) emitió el Reglamento de Responsabilidad Social Empresarial para las Entidades de Intermediación Financiera, que es un hito, porque la RSE fue incorporada a la política de Estado en un área de máxima regulación como el mercado financiero.  

Esta norma define a la RSE como la “forma de gestión de la Entidad de Intermediación Financiera (EIF) orientada a actuar en beneficio de sus partes interesadas en cuanto a sus expectativas económicas, sociales y ambientales, construyendo el desarrollo sostenible en el marco del giro del negocio y actividades que realiza la EIF”.

Las partes interesadas o públicos de interés son los empleados, los proveedores, los accionistas y todas aquellas personas naturales o jurídicas interesadas en el desempeño social de la EIF.

Además, la norma establece seis lineamientos de RSE que las entidades deben observar: rendición de cuentas ante la sociedad en general; transparencia; comportamiento ético; respeto a los intereses de las partes interesadas; respeto a las leyes y respeto a los derechos humanos.

Las instituciones financieras, además, tienen que presentar un balance social, que refleje el cumplimiento de las metas de RSE.

“Es un reglamento de vanguardia, bien hecho y se basa en la ISO 26.000. Obliga a todas las entidades de intermediación financiera reguladas por la ASFI a aplicar políticas, a gestionar la RSE y a ser evaluadas después”, explica Bazán. El cumplimiento de la norma de RSE es habilitante para la entidad financiera, es decir, tiene que cumplirla para seguir en el negocio de intermediación.

La ASFI también emitirá en breve un reglamento mediante el cual se regula la función social –establecida en la Constitución Política del Estado- de las entidades financieras, que complementará el reglamento sobre RSE.

“Esto es impresionante. Es un hito y es un sueño también, porque no se ha dado en el sector de la construcción ni de las telecomunicaciones, sino para el sector más regulado de Bolivia, el que sí o sí cumple la norma, que es el sector financiero”, dice Bazán.

Lo ideal, sin embargo, es que más empresas apliquen la RSE en el país. Lo que se precisa, por ejemplo, es que un banco  promueva el desarrollo integral mediante la gestión de sus negocios, como la colocación de créditos productivos y para la vivienda social o que profundice la inclusión y la educación financiera, aunque finalmente no haga campañas.

Ése es el desafío que viene para la RSE.

Empresas bolivianas ingresan en la cultura de la RSE


Empresas bolivianas ingresan en la cultura de la RSE

Autor: Raúl Serrano 

La pertinencia de ser una empresa responsable socialmente es entendida por empresas de diferentes rubros, pero las más avanzadas son las que vienen de una tradición del cuidado por su carácter extractivo, aunque en los últimos 10 años también ingresaron otras industrias que destacan por su eficacia en la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), sustenta  Álvaro Bazán, director ejecutivo de la Fundación Corporación Boliviana de RSE (Coborse).

Entre éstas, la industria financiera, cementera, servicios petroleros, telecomunicaciones y otras como Coca Cola, Fideos La Coronilla, Guabirá, Coboce, las mineras Manquiri y Santa Lucía, Batebol, Cerámica Guadalquivir, entre otras ya desarrollan con compromiso y  acierto RSE, señala Bazán.

Por su parte, Víktor de los Heros,  presidente del  Instituto Boliviano de Normalización y Calidad (Ibnorca), asegura que hace varios años se viene desarrollando RSE en el país, en muchos casos de manera aislada y en otros a semejanza de la filantropía, que desde su punto de vista también desarrolla acción social. Asume que se está siguiendo el camino correcto pero no a la velocidad que debería darse.

Por su parte, Diana Sabillón, gerente de RSE del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), menciona que desde su inicio en Bolivia, la RSE es desarrollada por iniciativa de grandes empresas seguidas  por las de menor tamaño. “Si bien no se tiene datos oficiales sobre la inversión en RSE, algunas empresas grandes declaran que el 10% de sus utilidades estimadas en un millón de dólares son destinadas a estas actividades”, dice.

En esa línea,  Heiver Andrade, ejecutivo de la Fundación Avina, argumenta que la responsabilidad social no se mide, ni debe medirse por la inversión sino por los impactos positivos generados desde el punto de vista social o ambiental.
Por ejemplo, considera que si una empresa invierte $us 1 millón y en contrapartida contamina el Río Piraí u otras fuentes de agua de la ciudad, el millón no llega a servir de nada.

Entonces, es importante que las empresas asuman conciencia de cómo deben gestionar la mitigación de sus actividades negativas a la hora de producir y poner a la venta sus productos.

Asimismo, considerar el tema de la pobreza, a la hora de hacer inversión social, evitando la filantropía cortoplacista e impacto mediático y pensar en formas innovadoras de generar riqueza en la base de la pirámide.

“Entre lo alternativo están los negocios inclusivos, que son  formas innovadoras de generar una cadena de negocios sostenibles en favor de familias de escasos recursos económicos. A su vez,  las empresas también se fortalecerían mejorando su cadena de valor”, expone Andrade.

Para Sabillón, esa situación ya es perceptible con Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes), que nacen con un compromiso de RSE, llevando sus operaciones de manera más responsable con la sociedad y medio ambiente.
Y paralelamente las industrias hidrocarburíferas, de telecomunicaciones, eléctricas, comercio, servicios, mineras, entre otras que impactan favorablemente en sus áreas de acción con proyectos de RSE.

Bajo esos parámetros, el comité de la Fundación Amigarse, diagnostica que el caminar de la RSE, desde hace 10 años continúa alineando empresas en su modelo de gestión. Y esto obedece a una tendencia de atender el calentamiento global y la pobreza que preocupa a todos.

La evidencia de esa preocupación y reflexión se verá en Río + 20, evento que marcará las nuevas tendencias como economía verde, economía inclusiva, nuevos paradigmas del cuidado y de los bienes públicos, temas que después se escuchará hablar con mayor frecuencia.

En concordancia, Andrade menciona que no se puede dudar de la reflexión global sobre los desajustes que existen en el planeta y el riesgo que tiene la especie humana de seguir existiendo, si los modelos aplicados se mantienen. Entonces, la RSE está más vigente que nunca, dado que todos los problemas mencionados recuerdan diariamente su importancia.

Compras Responsables y su Impacto en la Competitividad de las Empresas


Compras Responsables y su Impacto en la Competitividad de las Empresas

Escrito por: Sylvia E. Aguilar Camacho

En la declaración de Río, Naciones Unidas, 1992, se indicó que para alcanzar el desarrollo sostenible se debía migrar hacia modalidades de producción y consumo sostenibles. Aunado a la calidad y costo del producto o servicio, el consumidor debería considerar su impacto ambiental y social. De este modo, los consumidores aceptarán la responsabilidad por el impacto de sus decisiones de compra y, por otro lado, las empresas tendrán un incentivo real para adecuar sus productos o servicios y lograr ser competitivos en un mercado más sostenible.   

Cada uno de nosotros cuando va al supermercado y escoge productos biodegradables, reciclables, reciclados, de origen sostenible, comercio justo (entre otros tantos adjetivos), decide cuáles productos se van a beneficiar o no de nuestras decisiones de compra.  Gracias en parte al mayor acceso a medios para difundir información, los consumidores y ONG‟s, ejercen cada vez mayor presión en casos sonados por su impacto ambiental y/o social; uno de estos casos fue Apple, denunciado en el 2013 por China Labor Watch porque su proveedor Pegatron, violaba los derechos de los trabajadores en sus fábricas chinas de Shanghái y Suzhou. Sin embargo, considerando las tasas de pobreza en América Latina, es entendible que el criterio de compra de gran parte de la población sea precio, y factores como calidad, e impacto ambiental y social sean consideraciones por un sector muy específico de la población (no olvidemos que la tendencia al aumento de la clase media también es una realidad, con lo cual las empresas se enfrentarán a consumidores más exigentes).   

Otro consumidor son las mismas empresas, cuyas cadenas de suministro abarcan desde sus materias primas, empaques, servicios, que compran a otras empresas. La responsabilidad sobre la cadena de suministro es explícita en las diversas iniciativas/modelos de responsabilidad social.  Por ejemplo, en la norma ISO 26000:2010, Guía de Responsabilidad Social, se indica que la organización debe evitar la complicidad (entre las acciones y expectativas relacionadas con este asunto se indica que una organización debería informarse sobre las condiciones sociales y ambientales en las que se producen los bienes y servicios que adquiere); el Global Reporting Initiative indica en la Guía para la elaboración de memorias de sostenibilidad, GRI-4, en el aspecto “Evaluación de las prácticas laborales de los proveedores” que la organización debería reportar sobre los impactos negativos significativos, reales y potenciales en la cadena de suministro y medidas al respecto; el Pacto Global de Naciones Unidas comprende en el área de Derechos Humanos dos principios: las empresas deben apoyar y respetar la protección de los derechos humanos fundamentales reconocidos universalmente, dentro de su ámbito de influencia; y las empresas deben asegurarse de no ser cómplices de la vulneración de los derechos humanos (tal como lo son los derechos laborales).  

Por último, llegamos al consumidor más grande en cualquier país: el sector público, cuya actividad compradora puede llegar a superar 15% del PIB. Como el mayor comprador en cualquier país, está llamado a ser un consumidor ejemplar; no solo como señal del buen manejo de fondos públicos, sino también por el cambio que sus decisiones de compra ocasionan en el mercado. Existe una fuerte tendencia a nivel mundial hacia la implementación de compras públicas sostenibles, impulsada tanto por los países como por entes internacionales como Naciones Unidas. Este último organismo reporta, al 2013, iniciativas de compra pública sostenible en todas las regiones del mundo, incluyendo nueve países en América Latina. Las compras públicas sostenibles abarcan tanto las compras públicas verdes (que buscan la reducción del impacto ambiental en las diferentes etapas del ciclo de vida de un bien), como las compras públicas sociales (que buscan el cumplimiento de criterios sociales básicos, tal como condiciones laborales, así como otros beneficios sociales: compra a Pymes, minorías, entre otros).   

“EXISTE UNA FUERTE TENDENCIA A NIVEL MUNDIAL HACIA LA IMPLEMENTACIÓN DE COMPRAS PÚBLICAS SOSTENIBLES…” 

En casi todos los países sería ilegal incluir especificaciones que impidan la libre competencia entre los oferentes potenciales en una compra pública, y esto se ha llegado a interpretar en ocasiones como una restricción. Sin embargo,  ya se cuenta con casos exitosos donde se ha logrado demostrar que el Sector Público puede, y debe, ser un comprador responsable. “Por supuesto, el sabor del azúcar no varía en función de si se comercializó justa o injustamente. Un producto puesto en el mercado en condiciones injustas, sin embargo, deja un sabor amargo en la boca de un cliente con responsabilidad social”, indicó Juliane Kokott, Abogado General del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en su argumento al caso C-368/10, de la Comisión Europea contra Reino de los Países Bajos, en un caso relacionado con un contrato público de suministro y mantenimiento de máquinas expendedoras de café en el año 2008, en el cual se quería garantizar que el adjudicatario suministrase productos sostenibles.  

Llámesele como se le llame, según sus enfoques (compra responsable, sostenible, ética), la tendencia a exigir una gestión sostenible en la cadena de suministros es una realidad. Las empresas deben estar preparadas para un consumidor más exigente, no solo por la calidad de los servicios, bienes u obras que contrata, sino también por querer minimizar su impacto ambiental y por querer hacer negocios con empresas responsables en la relación con sus colaboradores. Esto implica no solo estar al día con obligaciones laborales, sino también estar a la vanguardia en la utilización de productos con un mejor desempeño ambiental, así como conocer su cadena de suplidores.    

A su vez, las empresas deben prepararse para procesos de compra pública más complejos, donde el Estado persigue obtener el “mejor valor por su dinero” (no necesariamente “lo más barato”), lo cual puede implicar que las empresas deben preparar ofertas en las cuales se evidencie cuál es ese “valor” (en términos ambientales, sociales y/o económicos) que ofrecen. 

Autora del artículo

Sylvia E. Aguilar Camacho,  Máster en Sistemas de Manufactura del Instituto Tecnológico de Costa Rica. Licenciada en Ingeniería Industrial, Universidad de Costa Rica. Coordinadora del Área Ambiente y Desarrollo de CEGESTI, área que promueve el desarrollo sostenible en América Latina. Como Coordinadora de Área, trabaja en cercana colaboración con agencias de cooperación y donantes internacionales con el fin de brindar asistencia a organizaciones regionales e instituciones públicas y privadas, en la implementación de prácticas de sostenibilidad y desarrollo de políticas. Consultora del proyecto de incidencia en las políticas de compra de instituciones del sector público de Centroamérica (con el objetivo de incluir criterios socio-ambientales). 

LA EVOLUCIÓN DE LA RSE HACIA LOS NEGOCIOS INCLUSIVOS


LA EVOLUCIÓN DE LA RSE HACIA LOS NEGOCIOS INCLUSIVOS: El involucramiento de las empresas en el combate contra la pobreza.

Escrito por: Jaqueline Pels / Tomás Kidd

Desde el año 2000, los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas han sido el “paraguas” bajo el cual se ha desarrollado la lucha contra la pobreza. A un año de la fecha prevista para alcanzar esas metas, los resultados muestran que todavía hay mucho por hacer y que los índices de pobreza son alarmantes. En ese marco, distintas esferas de la sociedad (académicos, opinión pública, organizaciones de la sociedad civil, gobiernos) fueron poniendo en tela de juicio el modelo asistencialista e impulsando la búsqueda de una alternativa sostenible para combatir la pobreza.   

Paralelamente, en el ámbito académico y el mundo empresarial, surge el concepto de la “Base de la Pirámide” (BOP, por su sigla en inglés), término acuñado por C.K. Prahalad y S.L. Hart y materializado en el libro “La Fortuna en la Base de la Pirámide” en el 2002. En este libro, Prahalad introduce la idea „revolucionaria‟ de que se puede combatir la pobreza mediante la lógica de los negocios, sugiriendo que las personas de bajos ingresos son un mercado con necesidades desatendidas, y muy relevante debido a su tamaño, potencial y consumo agregado. En otras palabras, la búsqueda es romper con el paradigma de la dicotomía “lo social o los negocios” y así desarrollar un nuevo paradigma que piense “lo social y los negocios”. Sin embargo, la BOP tiene importantes diferencias contextuales y estructurales con respecto a los mercados desarrollados, lo cual invita a re-pensar la aplicabilidad de las teorías clásicas de negocios en este nuevo contexto.  

Asimismo, en el ámbito de emprendedores sociales, Muhammad Yunus en su libro “Las Empresas Sociales” describe un modelo de empresa innovador que fomenta la idea de crear negocios para ayudar a resolver algún problema social en lugar de maximizar los beneficios. Por último, Elkington en 1997 introduce el concepto del triple impacto. Las iniciativas de Prahald, Yunus y Elkington comparten el mismo objetivo: generar inclusión social a través de modelos de negocios asociados al concepto de capitalismo inclusivo.  

Han pasado 12 años ya desde la introducción de estas ideas y como resultado, las empresas han empezado a mutar sus modelos de Responsabilidad Social Empresaria (RSE). En sus inicios, los programas de RSE estaban centrados en alianzas con organizaciones de la sociedad civil a través de donaciones o voluntariado, orientados al mejoramiento social y/o ambiental. Habitualmente, estas iniciativas no estaban relacionadas al core business de la empresa. Hoy, las acciones comienzan a formar parte de él.  

…LA BÚSQUEDA ES ROMPER CON EL PARADIGMA DE LA DICOTOMÍA “LO SOCIAL O LOS NEGOCIOS‟ Y ASÍ DESARROLLAR UN NUEVO PARADIGMA QUE PIENSE”LO SOCIAL Y LOS NEGOCIO”.

De la conjunción de estas variables (asistencialismo humanitario en jaque y evolución de la RSE de las empresas) nacen los llamados Negocios Inclusivos: emprendimientos empresariales sustentables que tienen como misión generar impacto social (por medio de la oferta de bienes y servicios y/o generando inclusión en la cadena de valor) en personas en situación de vulnerabilidad (económica o social). Se trata, sin dudas, de un fenómeno mundial en alza con ejemplos destacados en todos los continentes. En el Primer Relevamiento de Negocios Inclusivos: Fase I emprendimientos y Pymes, el Espacio de Negocios Inclusivos de la Universidad Torcuato Di Tella (ENI Di Tella), identificó 76 casos concretos en Argentina. El Relevamiento encuentra que en el 76% de los casos la inclusión en la cadena de valor es el medio de impacto utilizado. Se relevó que la mayoría son cooperativas y que los sectores de trabajo son, en general, textil, artesanías y ganadería/agricultura.   

Un ejemplo es el caso de Interrupción S.A, una empresa que comercializa productos orgánicos y promociona el comercio justo y que genera impacto en promedio a 10.000 personas por año, incorporándolas en su cadena de valor. Otro caso es el de Guayakí, una empresa que vende yerba mate y productos derivados en Estados Unidos con una cadena de valor inclusiva empleando a poblaciones indígenas del Amazonas. Asimismo, la empresa tiene un fuerte compromiso con la restauración y conversación forestal, por lo que el cultivo de la yerba es bajo monte.   

Los Negocios Inclusivos en la cadena de valor no se restringen únicamente a emprendimientos y PyMES. Las multinacionales están incursionando en programas de inclusión social a través de programas de compras inclusivas. Un ejemplo es el caso de Unilever que realiza compras de productos de fin de año a Red Activos, una empresa que emplea a trabajadores con discapacidad.  

La evolución de la RSE hacia los Negocios Inclusivos está aún en sus inicios. Sin embargo, su desarrollo depende exclusivamente de una decisión empresarial y de la posibilidad de ver el „win-win‟ de este tipo de iniciativas. Sólo así se podrá romper con el viejo paradigma dicotómico de “lo social vs. los negocios” y habilitar definitivamente un nuevo en donde “los negocios” se encuentren indisolublemente enlazados a “lo social”. El desafío de la empresa está en tomar la decisión, rechazar la dicotomía, y lanzarse a esta pileta que se empezó a llenar. 

Autores del Articulo:

Jaqueline Pels  Directora del Espacio de Negocios Inclusivos (ENI) Di Tella. Titular de las cátedras de Marketing Avanzado (en el MBA y EMBA) y de Tópicos Emergentes de Marketing en la Universidad Torcuato di Tella (1994). Titular de la cátedra de Investigación de Mercado de la Universidad de Torino, Italia (1993-1994) y docente senior e investigadora de la escuela de post grado SDA BOCCONI de Milano (1987-1994). Doctorado University of Leicester (UK), Lic. Administración de Empresas (UBA). Sus áreas de investigación incluyen negocios inclusivos, mercados emergentes, marketing B2B, marketing de relaciones, marketing de redes, marketing y teoría de los sistemas. Presidenta del congreso “Internacional del American Marketing Association” (2000), Presidenta del congreso “Relationship Marketing Summit” (2007), y Presidenta regional del congreso “Emerging Markets”, India (2010). Consultora en temas de negocios inclusivos y de marketing para diversas empresas locales e internacionales. Colaboró con capítulos en diversos libros. Presentó trabajos en diversos congresos internacionales.  

Tomás Kidd  Licenciado en Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella con experiencia en temas de microfinanzas y salud en la Base de la Pirámide. Ha trabajado para la Asociación Civil Mujeres 2000 como Responsable del Programa de Mujeres Emprendedoras. Se desempeña actualmente como asistente de investigación del Espacio de Negocios Inclusivos de la Universidad Torcuato Di Tella de temas relacionados con empresas sociales, innovación social y mercados emergentes. 

1 5 6 7